Por José Atuesta Mindiola
Entramos al dos mil doce
con la fe del peregrino,
buscamos en el camino
la luz radiante de goce;
que la confianza rebose
de las tinajas del alma,
y el viento silbe en la palma
sus violines de arreboles
y de noche los faroles
siempre llevemos de enjalma.
II
Que Dios nos dé el esplendor
para embellecer el bien,
y edificar nuestro edén
con las bases del amor,
que el perfume del albor
sea espiral de azucenas;
que brillen las cosas buenas
en el dintel del hogar,
y el abrazo no ha faltar
para sopesar las penas.
III
Y nuestra Patria querida,
soberana y de quimera,
de sus hijos siempre espera
más respeto por la vida;
ya basta de tanta herida,
con la paz mejor vivimos.
A Gobernantes pedimos
honradez a toda prueba;
la guerra siempre es la cueva
de oscurecidos racimos.
Valledupar, 30 de diciembre del 2011
JOSE ATUESTA MENDIOLA
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